Un rapero robot nueva sensación en las redes

Por Silvano Rosas

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En la era digital actual hambrienta de la nueva sensación mediática diaria, ha irrumpido un rapero muy virtual que está acaparando la atención de millones de personas a las que al parecer, no importa seguir a una creación robótica de un artista que graba, canta, interpreta y baila como cualquier humano. La pregunta se hace obligada: ¿un artista tiene que ser humano para ser considerado un artista real?

La respuesta a esa pregunta según Anthony Martini, cofundador del sello discográfico Factory New, es no. Esta empresa se describe a si misma como la primera en su género, compañía puntera y de próxima generación en la promoción de seres virtuales. Su catálogo está formado únicamente de artistas virtuales.

El primer fichaje, por decirlo de alguna manera, fue el rapero robot FN Meka, el cual tiene ya nueve millones de seguidores en TikTok con más de mil millones de visitas. Técnicamente hablando, este rapero tiene la voz de un humano, pero sus letras, acordes, y el tempo en que se sustenta la música es un engendro de inteligencia artificial. La compañía discográfica cree que muy pronto esta tecnología eliminará el requisito de un interprete humano.

Sin ánimo de ser extremadamente filosóficos, la realidad del mercado discográfico nos lleva a pensar en la cantidad de artistas que son una mera creación para simples actividades comerciales. Y teniendo en cuenta que la gran mayoría de seguidores solamente ven a estos artistas en pantallas de teléfonos, tabletas o televisores; la diferencia es aún menor entre una creación humana o una de carácter virtual.

Al fin y al cabo, ambas buscan entretener. Además de usar inteligencia artificial para hacer la música lanzada por sus artistas, Factory New usa realidad aumentada para crear el contenido para TikTok, y también modelos financieros descentralizados para vender productos digitales.

Esta empresa editó el pasado 26 de marzo el sencillo debut del rapero Lil’Bitcoin “I Love Bitcoin”, mientras que FN Meka vendía una obra de arte digital por seis mil quinientos dólares. Martini, fundador también de Commission Records tiene una dilatada experiencia con artistas humanos, habiendo trabajado con Tyga, Lil Dicky y Madeyntio. El socio de Martini es Brandon Le, quien ha diseñado algunas de las “pieles” de videojuegos más populares del mercado.

Estas compañías están explorando el vínculo entre los desarrollos de la inteligencia artificial y los artistas virtuales, así como su creciente expansión en las redes de consumo de música y entretenimiento en general. Para ellos, la muerte del artista clásico es un hecho. Estos visionarios de la nueva realidad sostienen que la semejanza virtual de un artista no envejece, ni se enoja ni tampoco discute con sus representantes legales y artísticos.

El viejo modelo de búsqueda de talento es ineficaz y poco fiable. Requiere dedicar tiempo a buscar en internet, viajar a espectáculos, volar a reuniones, gastar recursos, todo enfocado a la caza de la combinación mágica de cualidades que podrían traducirse en un acto de artista estrella. Esto es sencillamente inútil en los tiempos que corren. No tenemos tiempo para crear con tal lentitud. El mercado simplemente va más rápido, comenta Martini.

Incluso con todas las inversiones que dedican las discográficas tradicionales a encontrar talento, la tasa de éxito es de un lamentable 1%. Ahora podemos, literalmente, crear artistas personalizados utilizando elementos que han demostrado su eficacia, lo que aumenta enormemente las probabilidades de éxito. Ese será el camino a seguir, no solamente por nuestro empeño, hay que tener en cuenta los hábitos de los consumidores de tecnología virtual que demandan, sin saberlo, aquello que aún no se ha desarrollado del todo.

En la actualidad se trabaja en una tecnología de inteligencia artificial patentada que analiza ciertas canciones populares de un género específico y genera recomendaciones para los diversos elementos de la construcción de la canción: contenido lírico, acordes, melodía, tempo, sonidos, etc. Luego, se combinan estos elementos para crear la canción.

A partir de ahora, una voz humana interpreta las voces, pero se diseña un modelo para lograr que una computadora elabore y ejecute sus propias palabras, e incluso colabore con otras computadoras como “co-escritores”. En un futuro cercano o no, la idea es también ahorrar dinero en pagar a compositores y músicos de estudio. Todo lo tiene que hacer una máquina. Si hace algunos años Gene Simmons (bajista en la banda de rock Kiss), decía que el rock estaba muerto, en breve seremos testigos del funeral de la música tal y como la conocimos.