Peligran los grandes festivales en 2021

Por Silvano Rosas

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El peligro latente, es ahora una realidad. Los grandes festivales de la temporada de verano están luchando por su cita de este año. Era casi un secreto a voces, pero aún había quienes esperaban un manifiesto en otra dirección, incluidos los que ya habían comprado sus entradas con la antelación suficiente como para asegurarse el mejor “sillón”. Sin embargo, los rumores que en un principio parecían carecer de cierta credibilidad, al final han dictaminado el más inesperado de los desenlaces. Este año Inglaterra pierde por segundo año consecutivo su festival más emblemático: Glastonbury. En Estados Unidos ya se ha anunciado también, que el festival Coachella, pautado para abril, es cancelado por las altas cifras de fallecidos en el sur de California producto del Covid-19.

Estos macros eventos de alrededor de 200.000 asistentes, como lo es Glastonbury, o también el Wacken Open Air Festival en Alemania (75.000 personas de capacidad), han servido de inspiración para muchos promotores en otras latitudes para tratar así de incorporar a sus países en ese circuito de festivales de verano, tan apreciados en toda Europa. Lógicamente, la situación para estos grandes eventos es más compleja al necesitar de mayor tiempo para poder adecuar el espacio físico natural y convertirlo en un panteón de la música en directo. Según este razonamiento, aquellos festivales que alberguen hasta 30.000 almas podrían darse un respiro este año.

Imagen RockFest Barcelona 2016 (cortesía SRS Producciones)

En estos momentos, la frase más común es: nadie sabe nada. El número de personas vacunadas, la efectividad de la vacuna y si la vacuna permitirá el libre movimiento, son las cuestiones clave para tomar la decisión de cancelar sobre el mes de marzo, como muy tarde, para muchos organizadores. Como es sabido, las primeras vacunas deben ir destinadas a aquellas personas en situación de riesgo, al personal sanitario, a las fuerzas de seguridad y todos aquellos sectores del aparato productivo imprescindible para mantener el normal funcionamiento de cualquier país. Y en esta coyuntura, la música en directo se encuentra atascada en un mar de dudas de procedimiento operativo.