Luces y sombras de la inversión millonaria de Volkswagen en la automoción

Por Redacción

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La inyección de más de 7.000 millones anunciada por el Grupo Volkswagen para electrificar sus plantas en España insufla esperanza en el sector del motor en Cataluña, muy tocado por la marcha de Nissan y la crisis de los chips, aunque afloran también miedos por el impacto sobre el empleo.

Esta inversión millonaria, que el consorcio alemán compartirá con otros socios privados, irá destinada básicamente a transformar las plantas de Seat en Barcelona y de Volkswagen en Pamplona, así como a la gigafactoría de baterías que se construirá en Sagunto (Valencia).

La planta de Martorell (Barcelona), la mayor fábrica de coches de España, absorbería unos 3.000 millones para electrificar su sistema de producción. En ella, el consorcio quiere producir 500.000 coches eléctricos anuales a partir de 2025, mientras que otros 300.000 se ensamblarían en Pamplona.

Los más de 7.000 millones, condicionados aún a la ejecución de la ayudas del PERTE del automóvil eléctrico, llegan en un momento especialmente delicado para la automoción catalana, inmersa en una tormenta que parece no tener fin.

Cuando aún no ha levantado cabeza por la estocada que supuso la marcha de Nissan de Barcelona, el sector ha tenido que hacer frente a la pandemia y a la falta de semiconductores, que ha obligado a parar o reducir las producciones de manera temporal tanto en Seat (lo que le ha llevado a acumular pérdidas) como en la industria auxiliar.

Y todo ello en un contexto de transformación inexorable hacia la movilidad eléctrica, con la amenaza que ello supone para el empleo, ya que un coche eléctrico requiere de media un 30 % menos de mano de obra que uno de combustión.

El mismo presidente de Seat, Wayne Griffiths, admitió esta semana, en el anuncio de la inversión de Volkswagen, que el coche eléctrico supone «un riesgo» para el empleo, aunque puso el acento en que es «una oportunidad histórica que no podemos dejar escapar» porque «no hay plan B».

Seat ya ha comunicado a los sindicatos que existe un excedente laboral de entre 2.500 y 2.800 empleos como consecuencia de este cambio estructural, de los que unos 1.000 podrían proceder de la planta de componentes de El Prat, que fabrica cajas de cambios manuales.

La dirección se ha comprometido a trabajar para que el Grupo Volkswagen adjudique a este centro un componente de futuro que le dé más opciones de sobrevivir, aunque los sindicatos son pesimistas tras considerar perdido el motor eléctrico, que se iría a Hungría.

Ante esta situación, las centrales han lanzado la voz de alarma y han aprovechado la negociación del nuevo convenio colectivo de Seat, que afecta a unos 15.000 trabajadores, para intentar arrancar alguna garantía de empleo y un compromiso para que las bajas que se produzcan no sean traumáticas.

Entre las alternativas, el comité de empresa quiere que se ofrezcan a los trabajadores que se consideren excedentes el traslado a la nueva gigafactoría de baterías de Sagunto, donde se crearán unos 3.000 empleos.

El presidente del comité, Matías Carnero, también reclama al consorcio alemán la adjudicación de una segunda plataforma de coche eléctrico por considerar que la actual, que permitirá ensamblar vehículos de pequeño tamaño, no garantiza en estos momentos el mantenimiento del empleo.

Así, está por ver si la lluvia de millones de Volkswagen y las sinergias que ponga en marcha el PERTE consiguen desvanecer los nubarrones que se ciernen sobre el sector, y que han ido a más desde el estallido de la guerra de Ucrania por la subida exponencial de los precios de la energía.

Los ocho clústeres de la automoción españoles, que agrupan a 800 entidades, de las que 500 son pymes, han advertido ya que, si no se reconduce la crisis de la energía, puede producirse «un cierre masivo» de compañías y, por tanto, de pérdida de empleo.