El crepúsculo de las compañías discográficas

Por Silvano Rosas

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

La transformación del negocio musical, que en los últimos años parecía estar solamente en la parte final de la cadena de distribución, en este caso el consumidor, resulta que también está sufriendo una verdadera tormenta en los despachos de agencias de representación, compañías discográficas, y en mayor medida en un nuevo competidor, los llamados fondos de inversión.

En estos últimos lustros, la atención mayoritaria del sector era poder vaticinar los inevitables cambios del consumo de música en sus respectivos formatos, sean estos físico o digital. Evaluar también la tendencia dominante y sus márgenes de ganancia y pérdida para así continuar sosteniendo parte de la cadena tradicional de la industria, ha sido y es, una lucha a contrarreloj. El vinilo en particular, y su nuevo amanecer, han hecho florecer a muchas tiendas independientes por todo el mundo y a crear una conciencia de comunidad que parece sólida y robusta en su constitución ideológica, más no así en el relevo generacional para su supervivencia.

 

Sin embargo, el nuevo germen de todo este cambio se estaba gestionado en los archivos de contratos de derechos de miles de agencias y compañías discográficas. Aquellos contratos, papeles, al fin y al cabo, que están atemorizando a los grandes nombres con la mayor tradición de contratación de sus artistas, las compañías discográficas. Estos derechos de explotación se están marchando a la velocidad de la luz a los fondos de inversión que ofrecen el beneficio en un talón por adelantado. Ni hablar de los riesgos del pasado a los que tenía que enfrentarse una discográfica al firmar a un artista. El fondo de inversión hoy juega sobre terreno muy abonado y fértil para la cosecha a gran escala.