A la conquista del coche autónomo

Por Jordi Benítez

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El argentino Martin Varsavsky y la francesa Yasmine Fage crearon Goggo Network en septiembre de 2018. El grupo Axel Springer y Softbank se unieron al proyecto y sumaron una inversión inicial de 44 millones de euros. El objetivo es impulsar el vehículo autónomo en Europa.

Tras fundar Jazztel o Ya.com y a sus 60 años, Varsavsky se puede considerar un veterano del emprendimiento. Yasmine Fage tiene 36 años, es de París, ha trabajado como analista de Lehman Brothers en Londres, ha sido socia de McKinsey en Nueva York y cuenta con más de diez años de experiencia en corporaciones y gobiernos de diferentes países del mundo. Él como CEO y ella como directora de operaciones se han propuesto acelerar la llegada del coche sin conductor a nuestro continente, aunque no va a ser fácil. El marco legislativo no estimula el apetito de los inversores.

Goggo Network pretende ser uno de los operadores líderes del coche autónomo en Europa: como un Cabify de los vehículos sin conductor. Ya hay quien fabrica los coches, produce los sensores, instala el 5G… Ellos quieren ser los que organizan la orquesta; que los usuarios paguen una tarifa plana y en ella puedan incluir todos los servicios de movilidad sin conductor que necesiten: un vehículo que les lleva al aeropuerto, a su casa si viven a las afueras, etc. Se ofrecen incluso para cubrir zonas no rentables para otros o a las que no llega el servicio público. Puede tener sentido para su empresa dentro de un pack en el que proporcionan otros servicios con los que ganan dinero, y sería una solución para ciudadanos aislados que de este modo llegarían con mayor facilidad a lugares desde los que pueden moverse: el metro o cercanías, por ejemplo.

El proyecto es interesante, pero Yasmine Fage admite que falta camino por recorrer: “En lugares como Singapur ya hay muchos coches autónomos. En Phoenix (EEUU) puede recogerte un coche sin conductor en el aeropuerto. Lo importante es que haya recorridos claros y casos de uso para avanzar. La logística ya está bastante adelantada, pero la convivencia entre coches normales y autónomos tardará un poco. El nivel 5 de autonomía aún queda lejos: requiere de entornos mapeados, líneas dedicadas que simplifiquen los trayectos…”. Aun así, no se demorará tanto como uno podría esperarse: “En cinco-siete años habrá un periodo de coexistencia, y seguramente los coches normales no desaparecerán. Hay personas a las que les gusta conducir para salir el fin de semana o ir al campo, pero si surge un coche compartido que te permite trabajar mientras vas a los sitios o hacer otras cosas cuando estás en un atasco, no te lo plantearás. Hay un obstáculo que es el miedo, pero cuando lo pruebas, lo pierdes. Ha pasado en Florida con un grupo de jubilados de 70-80 años que probó vehículos autónomos. Lo vieron más sencillo. Les encantó”.

Goggo Network está desarrollando algunos proyectos piloto en España. Uno de ellos lo lleva a cabo con Ferrovial y la EMT (Em- presa Municipal de Transportes de Madrid), y tiene como objetivo la creación de una flota de autobuses autónomos bajo demanda. Aspira a captar fondos europeos.

España es uno de los mercados en los que Goggo espera crecer, pero no es el principal. La sede central de la compañía está en Berlín. Tiene oficinas en París y Madrid. El foco de la firma está puesto en Francia y Alemania, los dos países de Europa que cuentan con fabricantes de automóviles más fuertes: “Hemos empezado en países donde la movilidad es más importante a nivel industrial y político. Francia y Alemania es donde más hemos avanzado. Se dan cuenta de que hay que actuar con urgencia. El mercado está a punto de ver una disrupción y los gigantes pueden desaparecer si no se transforman”, estima Fage.

Avanzar en la regulación es absolutamente clave para que lleguen las inversiones. Si los inversores no ven claro cómo recuperar su dinero y ganar más, no van a invertir. Por eso es necesario que la legislación avance y sea coherente en el mercado europeo: que no haya leyes distintas según los países, y en ello se está trabajando. El problema es que hay que vencer la lentitud burocrática de Europa. El continente se expone a llegar tarde.

Otra gran diferencia, en parte como consecuencia de lo anterior, es la diferencia de inversión: “Estados Unidos o China pueden estar invirtiendo 45 billones en tecnología autónoma. En Europa llegamos a 3-4 billones y ya estamos contentos”, lamenta Fage, aunque piensa que la situación no tiene por qué continuar así: “Europa va por detrás hasta que se movilice. En telecomunicaciones se hizo y se crearon campeones europeos”, añade.

Yasmine Fage tiene la esperanza de que el sector se desarrolle bien en Europa. Entre otras cosas, porque piensa que el concepto de coche como propiedad está cada vez más anticuado. “El 95% del tiempo está parado”, sostiene. “Es una devaluación brutal”, añade. Con su propuesta pretenden que los ciudadanos ahorren tiempo y dinero, y que de paso les proporcionen un buen negocio: basta con captar una parte de los trillones que se prevé se muevan en movilidad en nuestro continente. Fage también confía en que la apuesta por la movilidad sea un modo de que Europa no se conforme con ser el Disney World del turismo: “Tenemos muchos profesionales competentes y podemos crecer en innovación. He trabajado en China, Londres o Nueva York y puedo decir que en España hay mucho talento puro, muchos ingenieros valiosos y muchas empresas muy buenas. Lo que no hay es tanto apetito de riesgo como en otros lugares, y desde luego hay mucho menos acceso a capital. Los fondos de capital riesgo son más complicados, y sin capital la vida es más difícil para los emprendedores”. Ella sí pretende arriesgar, en este caso buscando el modo de facilitar la movilidad de ciudadanos y mercancías, y ahora hay que ver si la solución llega y lo consigue.