A la caza del botín de Madrid

Por Jordi Benítez

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

La región que gobierna Isabel Díaz Ayuso es el pulmón económico de España. La Comunidad de Madrid es la que tiene el mayor PIB, el mayor PIB per cápita, se encontraba entre las que más crecía antes del coronavirus, ha recibido el 83% de la inversión extranjera en España en el segundo trimestre de este año, creó el 85% del empleo en nuestro país en el último trimestre de 2019… Sus números son tan atractivos y su potencial tan grande que no es de extrañar que la oposición quiera quitar el trono a quien lleva veinticinco años pilotando este crecimiento: el Partido Popular. ¿Serán capaces?

Entre los analistas políticos hay quien piensa que el PSOE está aprovechando el coronavirus para tratar de derribar al Gobierno regional. También hay quien sostiene que el PP hace lo mismo con el Gobierno de la nación. Otros no están de acuerdo: “Nadie utiliza algo así aunque se trate de una batalla tan clave como la de Madrid”, señala un destacado analista que prefiere permanecer en el anonimato.

El PSOE ha visto una oportunidad de desbancar al PP de Madrid por la gestión del coronavirus. El PP pudo ver en el inicio de la crisis una posibilidad de retirar al actual Gobierno de España. Pero una cosa es esa y otra utilizar la pandemia como arma arrojadiza. En opinión de este analista, tanto el Gobierno de la nación como el de Madrid han intentado hacerlo lo mejor posible, pero lo han hecho “desastrosamente” (aunque ahora la situación en Madrid ha mejorado considerablemente).

Al igual que Sánchez, Ayuso ha gestionado mal la pandemia: no ha tenido la previsión suficiente, como Sánchez, pero su Ejecutivo, además, no ha estado cohesionado. “El Gobierno de Madrid nunca ha funcionado como una coalición, y eso es un problema cuando hay una situación grave”, añade el analista. “Siempre ha habido dos gobiernos en uno. Ha habido una competición permanente entre Cs y PP. Ninguno se ha puesto a liderar para integrar al otro”, incide. Ayuso no ha sido capaz de crear el espíritu de equipo que Almeida ha impulsado en el Ayuntamiento: mientras que en el Ayuntamiento no se sabe si una concejalía es del PP o de Cs, en el Gobierno las consejerías están muy compartimentadas: “Los propios técnicos se quejan”, indica nuestra fuente.

Ignacio Aguado, vicepresidente de la Comunidad y líder de Cs, ha hecho desde el principio un esfuerzo serio por distinguirse: “Se puede decir que una no es capaz y el otro no ha querido”, señala el analista. La idea inicial era que cada uno sacara el mayor rédito posible de su posición en la Comunidad, pero la situación ha evolucionado hacia la división y la tensión, que provoca el enfrentamiento.

Por todos estos motivos, nuestro analista piensa que se ha creado el ambiente propicio para la moción de censura. La situación le recuerda a lo que ocurrió con Rajoy: “Al principio parecía que la moción no tenía sentido, pero la tensión fue subiendo y al final se produjo. Sánchez dijo varias veces que no quería, pero que al final no le quedó más remedio…”.

En esta situación, cada uno juego su papel. El papel del líder del PSOE en la Comunidad, Ángel Gabilondo, ha sido coherente: apoyar de manera discreta hasta que la presión ha subido y ha amagado con presentar la moción de censura. Ayuso ha sugerido en algún momento la posibilidad de elecciones, que tendría que convocar antes de que se presentara la moción. Aguado está en una posición difícil: tendría que justificar un acuerdo con el PSOE en el marco del discurso a menudo duro que su partido, Cs, mantiene contra el Gobierno a nivel nacional. Vox tiene una posición compleja: si sube el nivel de crítica, se suma a partidos de izquierdas que no son bien vistos por sus votantes; al mismo tiempo, tampoco podía defender a Ayuso de una manera radical cuando la situación con el Covid no pintaba bien.

La coyuntura, en cualquier caso, está destapando las carencias de nuestros políticos. Isabel Díaz Ayuso cuenta con mucha experiencia política, pero nada de gestión: igual que Pedro Sánchez y Pablo Casado. En el caso de Ayuso, su experiencia de gestión se reduce a los dos meses que ejerció como viceconsejera. “Para gestionar un monstruo como el Gobierno de Madrid o el de la nación hay gente que tiene tres másters o cuenta con un coach (asesor) especializado que le ayuda. La formación no sólo es importante para entender el Presupuesto: también lo es para gestionar equipos, que es la deficiencia que está habiendo en la Comunidad de Madrid y que es de primero de MBA”, explica nuestra fuente.

Ángel Gabilondo tiene un gran currículum, una buena cabeza y ha sido ministro, pero le falta ambición política. A Ignacio Aguado le sobra ambición, y se ha esforzado en formarse (tiene varios másters), pero no tiene un recorrido profesional serio y fuerte. Rocío Monasterio, por su parte, viene de fuera de la política y tiene la ventaja de ser un verso suelto, al no exigírsele de momento responsabilidad de gestión.

Como ocurre en cualquier terreno, las carencias resaltan en los momentos de crisis. Nuestra fuente apunta un inconveniente añadido a Ayuso: la presencia de Miguel Ángel Rodríguez entre sus asesores. Al ex portavoz del Gobierno de Aznar le sobra capacidad, pero hay tanta confianza en él que se dice que “no hay equipo de Gobierno. Todos están pendientes de ver qué se le ocurre a Miguel Ángel”. Puede ser un inconveniente más para un Gobierno en el que ha habido que incluir a muchas víctimas del ERE de Génova. Es un caldo de cultivo propicio para asestar un golpe de gracia, salvo que sean capaces de reaccionar.