El MacGyver español que lanza negocios en China

Por Jordi Benítez

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Alfonso Ballesteros llegó a Hong Kong en el año 2004 con la beca del ICEX y a partir de ahí fue encadenando distintos trabajos que le han hecho permanecer allí. Primero se sumó a la moda de vender vino y productos españoles en Hong Kong y en China. Después ejerció de consultor de empresas que querían aterrizar en el país asiático, pero acabó frustrado por la poca sofisticación de la mayoría de proyectos de esa época. Posteriormente fue secretario general de la Cámara de Comercio española durante cinco años. Los dos últimos años ha estado ayudando a startups occidentales a desembarcar en la región.

Ballesteros es un hombre de mundo. Estudió en el Liceo Francés en Mallorca, cursó el Bachillerato en Irlanda, estudió Económicas en Escocia, pasó un año en Alemania perfeccionando el alemán y seis meses en Italia. Ahora lleva casi dos décadas en China viendo cómo el país se desarrolla a toda velocidad, ha cambiado enormemente en los últimos dieciséis años y las oportunidades emergen por todas partes. Sabe inglés, francés, alemán, italiano, mallorquín y el mandarín suficiente. Tiene 42 años.

Ballesteros recibe proyectos, los analiza y orienta a sus propietarios sobre el modo de desembarcar mejor. El principal proyecto que ha estado llevando es el de Wepall. Se trata de una startup de robótica fundada por Inemur, una ingeniería española de gran prestigio en el sector. Han desarrollado un software que permite indicar a los robots dónde ubicar los paquetes en los palets sin necesidad de saber programar. Este proceso de programacion, que puede llevar tres días a un programador humano, se puede hacer en segundos gracias al software de Wepall. Ballesteros ha ayudado a Wepall en su proceso de abrir oficina en Hong Kong, de contratar empleados y de prospección del mercado chino.

Otra de las startups con las que trabaja es la austriaca Cultural Places. Crearon una aplicación para transformar las ciudades en museos. “Al ponerte frente a una catedral, por ejemplo, la app te cuenta doce puntos: la fachada, la nave, el rosetón… Ya hemos creado en Hong Kong un tour con diez puntos clave”, explica Ballesteros. Está en conversaciones para incluir todos los museos de la ciudad en la app.

También ayuda a una empresa de San Francisco, Tangem, especializada en blockchain y en seguir la trazabilidad y la autenticidad de objetos de lujo: confirmar que un bolso de alta gama pertenece realmente a la marca. Ballesteros tuvo con esta empresa la oportunidad de demostrar más claramente sus dotes de MacGyver, de solucionador: “Necesitaban una persona que les resolviera un problema. Para algunos clientes hacen tarjetas parecidas a una tarjeta de crédito y había algunas que no salían bien de fábrica. Tenían problemas de impresión y necesitaban a alguien que controlara la calidad, pero no les compensaba contratar a una persona full time. Les bastaba con un día a la semana. También necesitaban a alguien para marketing, de nuevo, part time. No sabían qué hacer, porque todas las opciones eran muy caras y poco prácticas. Les sugerí que contrataran a un fotógrafo: no le importa trabajar a tiempo parcial; puede dedicar un día por semana para ver las tarjetas y tienen ojo para los colores y para comprobar si el problema se debe al archivo o a la imprenta. Además, puede hacer el trabajo de marketing fotografiando el producto y subiendo las fotos a medios sociales. Esta solución supone ingresos fijos para el fotógrafo (que suelen tener ingresos muy irregulares) y suponen un remedio efectivo y asequible para la empresa. Llevan un año y medio trabajando juntos y están encantados”.

Con Cultural Places consiguió encontrar programadores que adaptaran la app a medios de pago chinos y productores de vídeo, audio, fotógrafos… Logra que una empresa pase de no tener presencia en China a tenerla en un instante: “En el futuro las empresas solo sobrevivirán si son más rápidas y eficientes que la media. Nuestro objetivo es mejorar la eficiencia cada vez más, ser capaces de montar equipos en tiempo récord y ponerlos a disposición de los clientes: que hasta 200 personas pasen de trabajar de cero a cien en dos meses. Ese es el futuro. Contratar a cien personas de golpe es fácil si hay presupuesto, pero no lo es tanto ponerlas a trabajar como equipo”, estima Ballesteros.

A través de su empresa Crossbow Consulting, Ballesteros ha realizado también otros proyectos; por ejemplo, tiene una voz singular y la ha puesto en el vídeo de la empresa de un amigo emprendedor, Actimirror, que vende espejos inteligentes para hacer deporte en casa. La aceleradora israelí Tech It Forward es otra más con la que colabora: “Estableces conversaciones con países que no has visitado y, sin haber estado ahí, te entiendes porque la mentalidad startup es la misma. A veces conectas mejor con una startup de Israel que con alguien de tu país que trabaja en otro sector”, admite sorprendido Ballesteros.

Este economista se define ahora como un director de orquesta que cuando es necesario también toca algún instrumento. Sabe encontrar las personas adecuadas para cada proyecto, coordinarlas y realizar él mismo funciones clave si es necesario. Cuando los proyectos llegan, los analiza con su red de expertos y concluyen si van en buena línea o hay que cambiar cosas: “Si están cayendo en algún error en el modo de enfocar el mercado o de contratar, si deben tener cuidado con un determinado tipo de licencia o si el proceso que han planteado para tres meses les va a llevar ocho. Si algo no pinta bien, lo detectamos rápido y con costes limitados. Reducimos la incertidumbre, que es lo que siempre rodea a las startups y a la entrada en otros mercados”.

Sus servicios de análisis de proyectos permiten a las empresas reducir costes drásticamente, ya que solo hay que pagar por el tiempo de dedicación que se contrata: “Si expatrías a un empleado, puedes tener que pagarle perfectamente 5.000 euros al mes o más. Con nosotros tienes una dirección, una oficina y una persona con su red de contactos por una fracción de ese coste gracias a usar solo el tiempo que necesitas”, explica.

Ballesteros estima que las posibilidades de entrar en otros países se van a ver restringidas en los próximos años. Tras la pandemia, piensa que los Estados tenderán a proteger el empleo de los ciudadanos de su país. Por eso tenerle allí puede ser una ventaja. Ya es residente, conoce bien la ciudad a pie de calle y sabe moverse en ella.