Pedro Nueno
Profesor del IESE

El pacífico camino de China hacia el liderazgo mundial

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

Como todos sabemos, China fue el primer país impactado por el coronavirus. Cuando empezó el problema, yo estaba allí, y mis colegas me explicaban que había mucha gente con gripe en la ciudad de Wuhan. Nadie pensó al principio en el desconocido coronavirus. Cuando más tarde el virus apareció en otras ciudades, con extraordinaria rapidez se ordenó el confinamiento de la población. Fue extraordinaria la disciplina con la que en China se evitó salir
de casa salvo para compras muy necesarias como alimentación, pero no cada día, y cómo se desertizaron las calles incluso en grandes ciudades como Shanghai o Pekín. Recibí algunas fotos que hicieron desde una ventana de su casa algunos colegas que viven en zonas de Shanghai o Pekín en las que hay siempre muchas personas, automóviles, bicicletas, autobuses por la calle, y en aquellos días no se veía a nadie.

Luego el problema se fue extendiendo por el mundo y muy pocos países fueron rápidos en prevenirlo y proteger a su población. Pero los paros empresariales que provocó la lucha contra el virus afectaron a toda la economía global y, por supuesto, también a China, por las dificultades para mover mercancías internacionalmente sobre todo. A medida que el problema se va resolviendo, se espera una recuperación económica. En China su presidente Xi Jinping ha anunciado durante la última Asamblea Nacional Popular (la gran reunión anual del partido comunista) que China crecería este año 2021 un 6%. Pero lo importante para el presidente de China es que ese 6% de crecimiento se reparta adecuadamente por el país y contribuya a reducir la pobreza. En China hay un nivel de ingresos por debajo del cual se considera que es pobreza, y se conoce el número de personas que están en esa triste zona. El éxito de Xi Jinping es anunciar cuántos millones de personas han salido de ese nivel de pobreza y cuántas saldrán este año. Eso es lo que espera el pueblo chino, y lo que hace que el pueblo esté muy satisfecho con su presidente.

¿Cuál es el problema con Estados Unidos? Estados Unidos en un país muy grande. Mis colegas de Harvard, particularmente los que no son americanos y se han preocupado por conocer el país, me han comentado más de una vez que “América no es Boston ni California”. Hay estados como Wyoming, Colorado, Montana, Utah, en los que hay muchas personas que nunca han salido al mundo. Boston tiene las mejores universidades del mundo: Harvard, MIT y otras; los mejores hospitales del mundo, empresas de servicios líderes globales (financiación, consultoría, etc.), centros púbicos y privados de I+D, todo de primera calidad internacional. Y lo mismo podríamos decir de California con su Silicon Valley y sus líderes globales en tecnologías digitales. Pero, para cientos de millones de americanos, cosas como construir un muro con México o prohibir que empresas chinas vendan sus productos en el país son adecuadas, y objetivos como los de Trump “Let’s make America great again” (hagamos América grande otra vez) suenan extraordinariamente bien.

Para muchos americanos China es una amenaza porque es lo que han percibido sus políticos. Como también era el caso
de Europa, a Estados Unidos llegaban productos chinos poco sofisticados, textiles en muchos casos. El tema no preocupaba. Pero el gran desarrollo de China y la aparición de productos cada vez más tecnológicos como teléfonos móviles y ordenadores empezó a preocupar a muchos empresarios, sobre todo americanos. Veían avanzar a empresas chinas a gran velocidad mientras que a ellos les costaba mucho avanzar en China. Tuve ocasión
de conocer en los últimos años ochenta y primeros noventa a muchos empresarios europeos y americanos enviados a China para lanzar allí empresas importantes. Era evidente que para las empresas chinas salir al mundo era una prioridad, mientras que para las empresas europeas y americanas adquirir una dimensión relevante en China no lo era. Para muchos no estaba claro que China mantendría su crecimiento y su internacionalización.

En Estados Unidos han comprobado que para muchos americanos, sobre todo en esa gran América interior, ponerle trabas a China está bien visto. Y el cierre del mercado americano a Huawei, como hizo Donald Trump, le daba puntos. Huawei es una empresa con un formato tipo cooperativa, con muchos empleados accionistas de la empresa y extraordinariamente motivados, que no tiene una dependencia del gobierno chino. Es más: en algún momento ha sido también frenada en China por la presión de otras compañías chinas de su sector. Pero no olvidemos que en China también en algún momento frenaron a empresas europeas y americanas, y en España lo hicimos con empresas europeas, americanas y chinas. Cuando las empresas europeas y americanas del sector del automóvil quisieron entrar en China, tuvieron que hacerlo asociándose a empresas chinas, muchas de ellas estatales. Los bancos europeos y americanos no lo tuvieron fácil para poder operar en China. No debe sorprendernos que si un grupo de empresarios americanos ve que puede perder su mercado porque unas empresas chinas consiguen producir sus mismos productos con la misma o mejor calidad, y sobre todo mejor precio, y entiende que esto acabará con ellas, se acerquen a su gobierno y le pidan que las frenen por un tiempo.

China es un gran país de Asia, donde otros países aspiran a tener también una presencia relevante, y esto las lleva a reclamar cuestiones históricas no bien resueltas: Corea del Norte y Corea del Sur, China con Taiwán y Hong Kong, Vietnam, Mongolia. En algunos casos el liderazgo sobre estas zonas provocó guerras, y por allí quedan personas que, de vez en cuando, para mostrar su insatisfacción sobre algún tema, puedan manifestarse reclamando, por ejemplo, la independencia de un territorio. Últimamente lo hemos visto en Hong Kong, pero hay grupos de ciudadanos en muchos países por aquella zona que en algún momento muestran su insatisfacción con algo por la vía de las manifestaciones y las protestas.

Hong Kong, durante los años ochenta y noventa, era el lugar elegido por empresas europeas y americanas para establecerse, y desde allí ir desplegándose en China. Pero, poco a poco, esa oficina central de Hong Kong fue perdiendo peso y pasando a una oficina central en China. A medida que pasaba esto, las empresas chinas salían al mundo, y muchas montaban primero una oficina en Hong Kong y desde allí iban saliendo al mundo. Pero esto también se acabó, y la salida al mundo pasó a ser directa desde China. Naturalmente, aquellas oficinas de Hong Kong daban vida a empresas consultoras, despachos de abogados, bancos, pero todo eso fue cayendo. Los jóvenes que estudian en Hong Kong no ven claro dónde trabajar en el futuro. Van descubriendo que probablemente tendrán que irse a trabajar a China. Al lado de Hong Kong está en la parte china la ciudad de Shenzhen, con un área tecnológica impresionante que en China llaman su Silicon Valley. Estos jóvenes de Hong Kong seguramente tendrán trabajo allí, pero el tener que irse de Hong Kong es una razón para protestar.

Un país importante suele tener un ejército importante (Estados Unidos, Rusia), e incluso una industria dedicada al armamento que, con un potente cliente como es su Estado, y un buen presupuesto, puede avanzar en I+D en temas de armamento: misiles, bombas atómicas, etc. En los alrededores de China, Corea y Japón destacan en estos temas, pero el liderazgo mundial en temas de armamento lo tiene Estados Unidos, que ganó la última Guerra Mundial. Si China evoluciona hacia la primera potencia económica mundial, es lógico que haya personajes de su política que decidan que también ha de ser la primera potencia mundial en armamento. No para provocar una guerra y ganarla, sino para ser respetada también como potencia militar, sobre todo por los casi 1.500 millones de ciudadanos acostumbrados a leer y oír los avances norteamericanos en el mundo del armamento.

Si el día de la fiesta nacional de China se hacía un extraordinario desfile militar en Pekín, ahora se pueden añadir algunos grandes camiones con unos misiles disparables, así como un gran número de aviones militares dibujando letras en el cielo felicitando al país por la fiesta nacional. Ni el gobierno chino ni el pueblo chino desean una guerra, pero todos están satisfechos con un ejército potente. ¿Usará China su ejército para imponer su control sobre Hong Kong, Taiwán u otra zona que quiera tener una personalidad y unas ventajas económicas? Probablemente no. Xi Jinping hará todo lo posible por evitarlo. Quienes están más interesados son los fabricantes de armas y algunos políticos que sin estos temas no tienen ningún futuro.

Hemos hablado de desarrollo económico y político, y lo más probable es que China siga avanzando económicamente y manteniéndose en paz incluso con sus mayores enemigos económicos. China también ha estimulado, y lo sigue haciendo, todo el desarrollo de sus universidades, sus escuelas en todos los campos, dirección de empresas, arte y diseño, sanidad, etc., y sus relaciones internacionales. Desde nuestra escuela de dirección de empresas en China, la China Europe International Business School, CEIBS, hemos visto siempre una libertad total y un estímulo para alcanzar los primeros puestos en los rankings internacionales de escuelas en nuestro campo.