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Ana Torrens, la primera mujer en presidir una de las 'big four' en España, asume oficialmente este lunes, 1 de junio, la presidencia de Deloitte España al concluir el mandato de Héctor Flórez, tras ser elegida por el conjunto de los socios de la firma en la asamblea societaria. Torrens se pone al frente de la firma líder de servicios profesionales en el país, con el objetivo de consolidar la estrategia de crecimiento y reforzar el impacto en el mercado, tras ser elegida por los socios, cuya elección fue comunicada por el propio Flórez durante una reunión celebrada el pasado
Por Redacción

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Hay un debate sobre la inteligencia artificial (IA) que lleva años planteándose de forma equivocada. Cada vez que se habla de IA en relación al mercado laboral, la conversación deriva hacia el mismo punto: cuántos empleos va a destruir la máquina. Es una pregunta legítima, pero es la pregunta equivocada. La correcta es otra, y también es urgente: ¿quién va a ocupar los puestos de trabajo que dejarán libres los millones de trabajadores cualificados que se jubilarán en los próximos diez años? La generación del baby boom, la más numerosa de la historia demográfica española, ya empieza a jubilarse.
En un entorno económico cada vez más interconectado, la fiscalidad se ha convertido en una herramienta estratégica de política económica. Los países compiten por atraer inversión extranjera directa, sedes corporativas y capital financiero mediante incentivos fiscales, tipos impositivos reducidos y regímenes especiales para determinados sectores. Esta dinámica, conocida como competencia fiscal internacional, ha moldeado el mapa empresarial global durante las últimas tres décadas.
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en los mercados financieros no constituye una mera evolución tecnológica; representa un cambio estructural en la arquitectura misma del sistema financiero internacional. Desde la gestión de riesgos hasta la asignación de activos, pasando por el crédito, la detección de fraude y la supervisión regulatoria, los algoritmos avanzados están redefiniendo cómo se toman decisiones que movilizan billones de dólares cada día.
En los últimos años, los bancos centrales han iniciado una transformación silenciosa pero profunda en la forma en que interpretan la realidad económica. Durante décadas, la política monetaria se apoyó en indicadores tradicionales —PIB, inflación, empleo, balanza comercial— publicados con periodicidad mensual o trimestral. Hoy, sin embargo, la digitalización de la economía y la proliferación de datos en tiempo real han abierto la puerta a una nueva generación de métricas conocidas como datos no tradicionales o alternativos.

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